| Sumario: | Desde que en 1928-31 Karl Preisendanz editó y tradujo al alemán la colección de Papiros Mágicos Griegos (PMG), no han faltado las incursiones parciales de numerosos científicos que se han arriesgado a surcarlos en procelosa travesía deseosos de obtener nueva información que ilumine la religiosidad popular de la antigüedad tardía. Y con razón, pues en palabras de Gundel estos textos «reproducen claramente un capítulo de la vida mágico-religiosa y a la vez espiritual en la época imperial romana y primordialmente en los siglos III y IV». Pero al mismo tiempo, también es verdad que nadie se ha atrevido, ni siquiera el editor y sus colaboradores. a hacer un estudio sistemático y de conjunto de los dispares elementos que allí se contienen, ni a esbozar una interpretación global del universo religioso con las variopintas constelaciones que de dichos textos emerge. Las causas de esta reserva frente a los papiros mágicos pueden ser múltiples. Por un lado, la propia complejidad de los mecanismos asociativos que se instauran, el exotismo y confusión de las ceremonias y prácticas mágicas mismas son suficientes para explicar este retraimiento de los filólogos, pues los magos toman indiscriminadamente elementos religiosos de muy diversa procedencia y los ensamblan o simplemente los yuxtaponen con el fin de acrecentar la fuerza coercitiva de sus ensalmos; por otro lado, la sensación que embarga al estudioso de encontrarse perdido en una selva exuberante en la que afloran alternativamente, como en un caleidoscopio, componentes de religiosidad egipcia, judía oriental y griega.
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