Micer García de Gibraleón (†1534), un 'bróker' eclesiástico en la Roma del Renacimiento

Los conversos se pueden entender como un grupo definido que adoptó incluso conductas comunitarias, pero en su seno se encontraban situaciones sociales y culturales muy diferentes, de manera que su historia debe reconstruirse a partir del estudio de individuos y familias múltiplemente interrelacionad...

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Detalhes bibliográficos
Autor: Ollero Pina, José Antonio
Formato: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2016
País:España
Recursos:Universidad de Sevilla (US)
Repositorio:idUS. Depósito de Investigación de la Universidad de Sevilla
OAI Identifier:oai:idus.us.es:11441/51628
Acesso em linha:http://hdl.handle.net/11441/51628
https://doi.org/10.3989/hispania.2016.011
Access Level:acceso abierto
Palavra-chave:Conversos
Inquisición
Sevilla
Curia pontificia
Beneficios eclesiásticos
Patronazgo
Judeoconversos
Inquisition
Seville
Roman Curia
Ecclesiastical benefits
Patronage
Descrição
Resumo:Los conversos se pueden entender como un grupo definido que adoptó incluso conductas comunitarias, pero en su seno se encontraban situaciones sociales y culturales muy diferentes, de manera que su historia debe reconstruirse a partir del estudio de individuos y familias múltiplemente interrelacionados y que vivieron trayectorias muy diversas. García de Gibraleón (†1534) representa un caso ejemplar de supervivencia y adaptación. Hijo de Pedro Fernández Benadeva, uno de los primeros condenados y ejecutados por la Inquisición sevillana, ya a principios de 1481, y de una madre cuyo rastro se pierde en el destierro, nunca regresaría a su ciudad natal. Sin embargo, desde Roma y durante el primer tercio del XVI, valiéndose de la posición a la que había escalado en el medio curial, estuvo en condiciones de actuar como un intermediario imprescindible, un auténtico bróker, del mercado de las sinecuras y los beneficios eclesiásticos y ponerse al servicio de varias iglesias españolas, entre ellas de la de Sevilla, de donde sus hermanos tuvieron que abandonar sus prebendas para salvar sus vidas, al mismo tiempo que se hacía con un apreciable patrimonio. Hasta en el legado que dejó al morir significó la trágica ironía de aquel tiempo de angustia.